julio 21, 2013

Empieza el rally (de verdad)

Los últimos cuatro días han sido… “intensos”. Carreteras muy malas, muchas (pero que muchas) horas al volante, mi primer encuentro con la policía fronteriza y los puestos de control en carretera… pero he conseguido llegar a tiempo a Volgogrado (seguro que Isabel estará pensando “¡venga ya!”) y el coche sigue de una pieza 🙂

 

Camino a Rumanía – Día de transición (17/07/2013):

El plan era pasar rápidamente por Hungría y llegar a Rumanía donde me esperaba un cómodo albergue de la juventud en Bucarest; 1.066km de placer (de acuerdo con Google Maps) o un día “Red Bull” como prefiero llamarlo yo. Pero lo que inicialmente estaba planeado como una parada rápida en Budapest, acabó convirtiéndose en 6 horas dentro de un centro comercial tratando de actualizar el TomTom y cargar los mapas que me harían falta más adelante. Truco del almendruco: una parada en Starbucks te puede ofrecer más que café y sándwiches 😉

Llegar a Bucarest ya no era una opción realista, y aproveché para buscar un nuevo destino: Sibiu, una pequeña ciudad en el sur de Transilvania no muy lejos de Transfagarasan (o la carretera DN7C) elegida como la mejor carretera del mundo por Top Gear en 2009.

A eso de las 10 de la noche llegué a la frontera de Hungría con Rumanía, y me encontré a otros equipos debatiendo donde acampar. Entre ellos estaba el “hombre pollo” contando como casi le había atropellado un camión que parecía no haberle visto… “¡eso es porque ibas sin luces!” dijo uno de los otros.

Me dieron las 4:30am para cuando llegué a Sibiu (incluyendo adelantar el reloj 1h). Toqué el timbre de un albergue de la juventud que había visto en internet, y no hubo suerte. Toqué una segunda vez… y nada; mmm, creía que era la recepción estaba abierta 24h. Toqué una última vez y tras unos minutos un holandés con cara de pocos amigos se asomó a la ventana y, no sin protestar, bajó a abrirme la puerta. Por la mañana el holandés fue de lo más simpático, pero misteriosamente la información de la web de reservas había cambiado 🙂

Tres mini-rallis en un día (18/07/2013):

Cinco horas de sueño y dos cafés después ya estaba listo para seguir. Para aquellos que no la conozcáis, Rumanía tiene unos paisajes espectaculares (de los mejores que he visto) y su gente es encantadora. Y en lo que respecta al Tranfagarasan…

 

¿Te ha gustado?, ¿por qué no me acompañas un rato? (¡ojo que el video son 29min!)

He tenido la suerte de recorrer varias carreteras de este tipo (“carreteras espagueti” como las llamo yo), y sin duda puedo decir que ésta se encuentra en lo alto del ranking junto con Trollstigen (Noruega) y los pasos de Stelvio (Suiza) y Gavia (Italia); ambos parte de la mejor carretera del mundo según Top Gear antes de que descubriesen Tranfagarasan. Daniel, Torsten, os lo hubieseis pasado como enanos.

El resto del día fue bastante tranquilo hasta que llegué a la frontera con Moldavia y empezó la fiesta:

1.- Test de inteligencia: El oficial de aduanas rumano muy simpáticamente me informó que, como el moldavo no me dejaría pasar sin el “green card”, él no me podía dejar pasar tampoco. “¿Y si compro el green card/seguro en Moldavia?”, problema resuelto y pista libre (por cierto al moldavo no pudo importarle menos si tenía green card o no)

2.- Test de valor: parafraseando a un compañero del rally “estas carreteras no tienen baches, ¡son trincheras!”. ¿Exageración?, juzga tu mismo:

 

(Éstas no son en Moldavia sino Ucrania, pero verlas de día ayuda a hacerse una idea. En Moldavia más que carreteras con agujeros tienen un gran agujero con algo de asfalto por aquí y por allí)

3.- Test avanzado de negociación: un consejo que me dieron antes de empezar fue que llevase algo de dinero, tabaco o alcohol a mano ya que los oficiales fronterizos suelen pedir algún “regalito o suvenir” a cambio de no hacerte la vida muy difícil. Ingenuo de mí compré dos paquetes de tabaco que repartí estratégicamente por el coche, y conduje confiado hacia la frontera de Moldavia con Ucrania.

Oficial:            ¿propósito de su visita?, ¿algo que declarar?

Yo:                  conducir este coche hasta Mongolia (el oficial pone cara de “este tío está loco”), y nada que declarar

Oficial:            ¿vas solo?… loco, loco, loco

Yo:                  (gran sonrisa)

Oficial:            ¿alcohol o tabaco?

Yo:                  sólo un paquete de tabaco, déjame que te enseñe, ¿quieres uno?

Oficial:            no, no, no, nada de narcóticos (me acabo de hacer fan de éste tipo)

Oficial:            esa bandera es de Bilbao, del Athletic, me encanta el fútbol español

Yo:                  aha (no me gusta por donde va esto)

Oficial:            ¿es un souvenir para mi?

Yo:                  perdona no entiendo

Oficial:            la bandera, ¿es un regalo para mí?

Yo:                  (terreno peligroso, si digo que sí las dos Isabeles me cuelgan…)
lo siento, sólo tengo una y he prometido llevarla a Mongolia

Oficial:            ¿entonces no?, OK (con cara triste), documentación (opps)

… 2 minutos más tarde

Oficial:            aquí tienes, puedes continuar
(y llevándome a un lado) ¿me das la bandera?

Yo:                  (con una cara muy, muy triste) lo siento mucho pero no puedo

Oficial:            ¿y una más pequeña o un póster?

Yo:                  lo siento, tal vez la próxima vez (vaya, ¡un auténtico fan!)

4.- Test de aguante: tras conseguir cruzar la frontera me encontré con 3-4 horas más de carreteras llenas de cráteres, camiones a los que adelantar, puestos de control (en carreteras y puentes… hasta llegar a Odessa a las 5am, 3-4 horas después de lo esperado. Gracias a Dios el albergue de la juventud que había reservado sí estaba abierto 24 horas y pude saltar a la cama cual gato panza arriba.

 

Una entrada de lo más apetecible
“¿Esto es un p*** o un hotel?
Las normas no tienen mucho misterio
5 am, ¿hotel u hostal?”

 

En plan tranqui a Mariupol (Ucrania) y Volgogrado (Rusia) (19-20/07/2013):

Me desperté 4 horas después con la intención de dar un paseo tranquilo por la ciudad, relajarme tras dos días duros de carretera, e ir poco a poco a Mariupol.

 

Preciosa iglesia con interiores de mármol
Mercado central
“¡Echo de menos mi Seat 127!
O uno de éstos
Parada de bus en medio de la nada
Y lujoso baño adyacente
¡Suerte que no lo oléis!

 

Tras un delicioso desayuno y visita por la zona, me abastecí en un supermercado local (agua, mucha agua, y víveres), programé la ruta del día en el TomTom, y me encaminé a la siguiente frontera al ritmo de uno de los discos de Ross y Annie.

 

Frontera con Rusia (creo que no debiera de haber tomado esta foto
Difícil elección: ¿carne de caballo o “Xamoh Ceppah?
El progreso
Llegando a Volgogrado
Parada para cenar
Factura: RUB 80 (EUR 1.88), ¡que comería!

 

El cruce de fronteras fue bastante fácil. El oficial del lado ucraniano, un tipo joven y de bajo rango, trató de conseguir su suvenir del día pero se dio por vencido tras varios “sorry, me no entender”, y en el lado ruso fueron increíblemente amables:

  • Un soldado, al ver que estaba solo, me invitó a pasar a una cola especial donde me atendieron muy rápido
  • El oficial de aduanas me hizo varias preguntas y bromeó sobre el viaje (“¿pero por qué lo haces solo?”, “¿y no te apetecía la Antartida?”, “me voy a chivar a tu madre”), el mal estado de las carreteras Ucranianas y Moldabas (“¿carreteras?, ¿qué carreteras?”), y su inglés/mi ruso (ambos muy malos 🙂 )
  • Finalmente me despidieron con un “Welcome to Russia, dasvidaniya, and good luck!”

¡Eskerrik asko ama!, tenías razón, sonreir y ser amable (literalmente) abre puertas.

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