agosto 5, 2013

El último capítulo

Escribí mi última entrada en el blog desde el Oasis Inn en Astaná, un pequeño hostal en la capital de Kazajistán donde había parado a dormir 4 horas antes. Todo iba relativamente bien, no había tenido grandes problemas con el coche o el viaje, y tenía muchas, muchas ganas de enfrentarme a los últimos días del viaje. Que poco sabía lo que me esperaba…

 

Vuelta a Rusia (27/07/13):

Comencé el día con una visita rápida a la ciudad, antes de dirigirme rumbo Este para un disfrutar de un nuevo paso fronterizo. Las carreteras eran decentillas, las vistas formidables e incluso pude presenciar una boda Kazaja en el campo.

Astana
Astana
Astana
Hasta donde la vista alcanza
Vacas y vaqueros
Boda kazaja
Las damas de amor poniéndose a tono

 

Kazajistán es un país donde cielo y tierra parecen estar increíblemente cerca, tal vez por lo llano y poco construido del país, lo que hace que las tormentas de vivan de una forma especial. Hoy he podido vivir una y ha sido espectacular; parecía que el cielo se nos caía encima, hubo rayos horizontales…

El paso fronterizo fue una vez más rápido y poco problemático. Uno de los oficiales de aduana reconoció la bandera del Athletic y lo utilizó para ver si me pillaba de imprevisto:

Oficial:            ¡Athletic de Bilbao!, ¡español!, enseñame las drogas

Yo:                  ¿Perdón?

Oficial:            Sí, los españoles lleváis armas y drogas a los partidos, lo he leído en un libro

Yo:                  Jajajaja, anda y a ver que encuentras

Nos reímos y me dejó pasar.

Tras cruzar la frontera paré en un café de carretera (no fue difícil entender el letrero “КАФЕ”) donde unos simpáticos locales me ayudaron a elegir la cena y charlamos sobre el rally. Demasiado cansado para buscar un hotel o montar la tienda de campaña, decidí conducir a una campa cercana y dormir en el coche, no necesariamente una experiencia a repetir 🙂

Últimos días antes de Mongolia (28-29/07/13):

Despertar al amanecer tiene tres ventajas:

  • Aprovechas mejor el día, ganando tiempo para alcanzar la próxima frontera
  • Puedes disfrutar de la carretera sólo durante 3-4 horas
  • La luz es inmejorable si quieres sacar alguna fotillo

Chupi disfruta del bello amanecer
¡Ojo a la forma de las casas!
Como los pájaros de Pixar
¿o de Hitchcock?
Rusia está lleno de girasoles

Tsagaannuur, cruce fronterizo oeste entre Rusia y Mongolia, se encuentra situado en las montañas Altai, una de las zonas a las definitivamente que me gustaría volver. Un golpe de suerte hizo que tomase la carretera secundaria entre Aleysk y Kosh Agach (http://goo.gl/maps/rrrUX) lo que me permitió disfrutar de unas vistas increíbles y poner el coche a prueba a más puro estilo Carlos Sainz.

A menudo me encontraba animales cruzando la calzada
¿Viviríais aquí?
...yo podría...
¡mola!

Llegué a Kosh Agach sobre las 21:30-22:00 (por fin una hora razonable) y conseguí encontrar un hotelito con más o menos buena pinta. Tras una serie de intentos fallidos de comunicarme con la recepcionista, una huésped se ofreció a hacer de intérprete y ayudarme a conseguir una habitación, pero una extraña regla local prohíbe a los hoteles recibir clientes pasadas las 20:00. Al final conseguimos llegar a un acuerdo con la recepcionista: pagaría en contado, no diría a nadie que me había hospedado ahí y me iría a primera hora.

Cumpliendo lo prometido me fui del hotel a eso de las 8:00, esperé a que el único ultramarinos abriese a las 9:00 para comprar algún vívere, y me encaminé a la frontera que en principio abría a las 9:30. Allí me encontré con Krzys, Michal y Kuba del equipo “The Mongolian Job” (www.facebook.com/TheMongolianJobTeam), Ralf un alemán hispanohablante que iba de vacaciones a Mongolia en una caravana todoterreno, y Adrien y Pollina quienes buscaban llegar a la isla de Sajalín ¡haciendo autostop desde Berlín!.

Sabíamos que la entrada a Mongolia iba a ser más complicada que las anteriores ya que estábamos importando los coches al país (recordad que, si llega a Ulaaanbaatar, el coche se dona a una ONG local), pero jamás hubiéramos imaginado lo que estaba a punto de ocurrir:

  • Tardamos 3 horas en que nos pusiesen el sello de salida de Rusia. Cada poco se nos colaba algún local listillo con 15 pasaportes en mano
  • Llegamos al lado mongol de la frontera justo antes de su hora de comer, y cuando digo “su hora” quiero decir que cerraron el chiringuito ¡durante una hora!
  • Krzys, del equipo The Mongolian Job, y yo tardamos 3 horas en que nos atendiese el oficial encargado de preparar los documentos de importación del coche. Mientras esperábamos aprovechamos para cambiar divisa, dar paseos, tratar de acelerar el proceso ofreciendo cigarrillos (el truco sigue sin funcionar), dar más paseos…
  • El borde fronterizo de Tsagaannuur cierra a las 18:00, y nos avisaron diez minutos antes del cierre de que el dinero correspondiente a las tasas de importación del coche no había llegado todavía (tenía que haberlo enviado la organización), y tendríamos que esperar hasta el día siguiente. Como os imagináis protestamos, tratamos de negociar… pero pedían $2.000 por mi Fiat Punto ¡y eso es más de lo que me costó!

Al mal tiempo buena cara” que diría mi padre, ¿no querías experiencias únicas?, ¡pues hala, a dormir en tierra de nadie! 🙂

Ralf el alemán, el equipo de The Mongolian Job y yo fuimos los afortunados de hacer noche en la frontera, donde dicho sea de paso hacía un frio de carajo. Montamos las tiendas de campaña tratando de protegernos unos a otros del viento y del frío, preparamos algo de cena, nos echamos unas risas mientras compartimos experiencias, y nos fuimos a dormir pronto para ser los primero en la cola por la mañana.

Tsagaannuur – Lado Mongol
Tiendas montadas y preparando la cena
Compañeros de aventura

Tras pagar dos veces la “tasa administrativa de aduanas” de $10, que por alguna misteriosa razón sólo querían cobrar en contado y en dólares, conseguimos los papeles del coche y luz verde para salir a eso de las 12:00 del mediodía.

¡¡¡Mongolia allá vamos!!!

El “Gran Final” (30/07 – 03/08/13):

Contentos de volver a ser libres nos apresuramos a cruzar la frontera antes de que a alguien se le ocurriese volver a cobrarnos la “tasa administrativa de aduanas”, sólo para tener que parar 100m más adelante para pagar un “impuesto de circulación” y el seguro del coche (MON 50.000 o $ 35). Con sensación de haber sido ordeñados por segunda vez en el día, nos aventuramos a lo desconocido…

Empiezan los problemas…

Al poco de empezar la marcha noté que el motor de mi coche empezaba a calentarse y tuvimos que parar a revisarlo:

  • 1ra Parada – “Arréglalo tú mismo”:

Salía humo del radiador y caía agua debajo de él, por lo que detectar la causa del problema no fue difícil. Tras dejar que se enfriase un poco y soltar la machada “no os preocupéis, traigo uno de repuesto”, procedí a intentar cambiarlo con la ayuda de mis nuevos amigos… Fallé miserablemente (entre otras cosas porque me fui de Londres sin caja de herramientas) y decidí cambiar el filtro de aire “por si acaso” (vamos, por no sentirme totalmente inútil)

Tras considerar otras opciones decidimos unánimemente rellenar el radiador con agua (tampoco llevaba líquido refrigerante) y seguir adelante. En el ínterin se nos habían acercado unos niños mongoles para ver si les daba a Chupi de regalo… ¡Lo siento chicos, Chupi viene hasta el final!

  • 2daParada – “Seamos prácticos”:

Me di cuenta de que el motor sólo se calentaba cuando conducía despacio e iba en 1ra o 2da, lo que en principio tenía una fácil solución, ir rápido :-). Sin embargo la “carretera” era bastante mala y en cuanto nos quedamos detrás de un camión tuve que parar por segunda vez. Ésta vez me di cuenta de que el ventilador que mantiene frio el motor estaba estropeado, lo que explicaba su sobrecalentamiento y porqué ir a mayor velocidad ayudaba

Tras considerar otras opciones decidimos unánimemente rellenar el radiador con agua y seguir adelante

  • 3raParada – “Un último esfuerzo”:

La tercera y última parada fue en lo alto de una pequeña colina. Como estábamos cerca de Olgii, primera “gran ciudad” tras el paso fronterizo, decidimos unánimemente rellenar el radiador con agua y buscar ayuda en Olgii

La carretera a Olgii estaba bien pavimentada, lo que me permitió alcanzar una velocidad suficiente para evitar nuevas paradas antes de encontrar un taller. Los mecánicos confirmaron nuestras sospechas, el ventilador estaba roto y necesitaba ser cambiado. Mientras buscaban uno de repuesto (ellos no tenían uno) quitaron el roto y trataron de arreglarlo, pero terminaron de romperlo…

Se nos ocurrió llamar a Jenya, representante del Mongol Rally en Ulaanbaatar, quien ofreció enviar a un representante local que nos sirviese de interlocutor con los mecánicos y ayudase a encontrar la pieza lo antes posible. Agvaandazan, el representante local, me llevó a un par de tiendas y talleres pero no hubo suerte “¡mira, mira, en Mongolia sólo hay coches rusos y japoneses!”. Cómo el tema iba para largo pedí al equipo The Mongolian Job que continuaran su viaje (hubo que insistir bastante) y prometimos vernos en la meta; ¡muchas gracias por toda vuestra ayuda chicos!

Agvaandazan sugirió que llevásemos el coche a su casa, donde me hospedaría (“¡los hoteles son muy caros, tu vienes a casa!”), y nos fuimos a cenar por ahí con su hijo.

Tratando de arreglar el coche
El coche frente a la yurta familiar
Mi habitación en casa de Agvaandazan

¿Y ahora qué?

Olgii es por fortuna el primero de los tres puntos de la carrera donde se puede “dejar el coche” si algo va mal, por lo que en el peor de los casos siempre podría despedirme de mi Punto y volar a Ulaanbaatar. Huelga decir que rendirse no era una opción y, como dice el manual del Mongol Rally, mi intención era seguir tirando hasta más no poder.

Agvaandazan me invitó a desayunar a la yurta familiar con su padre y hermanos que estaban de visita. La yurta es la cabaña tradicional mongola que los nómadas solían construir en primavera y verano mientras movían sus rebaños, y que hoy en día muchas familias tienen en su jardín como vivienda de verano y forma de estar cerca de sus raíces. El protocolo dicta que dentro de la yurta la familia siempre se sentará a la derecha, mientras que los invitados (el padre, el hermano, la hermana y yo) lo harán a la izquierda. Asimismo a la hora de servir el desayuno cada producto se ofrece en estricto orden de edad de mayores a jóvenes.

El desayuno consistió en té mongol (leche de yak) y pan con mermeladas rusas, seguido de un cordero cocido y vegetales estofados que habíamos de cortar con dos grandes cuchillos y comer con las manos. Entre plato y plato, y varias veces durante el cordero, Agvaandazan nos pasaba un cuenco de plata del que debíamos beber un sorbito de vodka. ¡Vaya forma de comenzar el día!

Después de desayunar probamos suerte en un nuevo garaje, uno grande y moderno con WIFI gratis. El diagnóstico fue demoledor:

Mecánico:       El coche está kaput, nunca llegará a Ulaanbaatar
(o algo parecido en mongol)

Yo:                  Pero, pero, pero, no necesito que quede perfecto, ¿no puedes buscar una solución temporal?

Mecánico:       No

Pregunté a Agvaandazan si podíamos buscar otro taller o pedir una segunda opinión, y me llevó al taller del día anterior donde me dijeron lo mismo. Con la moral bajo suelo le imploré intentarlo una vez más “y si no funciona dejo el coche en el depósito y me voy”. Agvaandazan habló con la central en Ulaanbaatar donde le recomendaron un taller donde había un supuesto mago de las reparaciones imposibles y… ¡jackpot!

A las afueras de Olgii…
…en un lugar semi-abandonado…
…encontramos a Jenka, el mago de las reparaciones
Despidiéndome de mis anfitriones

El resto del día fue un mix de preciosos paisajes y grandes dosis de concentración para recuperar parte del tiempo perdido sin chocar contra baches y piedras o quedarme tirado en el barro. ¡No fue tarea fácil!

Conducción “off-road”
Concentración para no pegármela…
… y elegir el camino correcto
Camping al anochecer
¡Los puntitos blancos son mosquitos come hombres!

… y siguen …

Resuelto a recuperar el tiempo perdido me desperté al alba (5:30), tomé un desayuno rápido mientras recogía las cosas, me puse mis gafas de sol, y encendí la radio dispuesto a disfrutar de un largo día al volante. ¿Pero que hacer cuando la carretera desaparece ante el cruce de un río?… lo sé, he leído sobre esto, hay que encontrar el sitio menos profundo para atravesarlo o conseguir que te remolque un coche más grande, y hay que evitar que entre agua en el motor o es el final de la historia.

Como no había coches cerca a las 6:00 elegí un buen punto para cruzar y… ¡me quedé atrapado en un banco de arena!. Estuve 3 horas atrapado tratando de liberar el coche con rocas, manos y pies hasta que finalmente apareció un coche y me echó una mano. ¡Y yo que recordaba los castillos de arena con más cariño…!

La diversión empieza cuando te encuentras con esto…
…y has de cruzar un río para seguir
Aquí es donde me quedé tirado 3h
Los tipos que me ayudaron
¡A 400m había un puente!
Llegada a Khovd
Los mongoles aman vivir junto al río
Niños siempre simpáticos
Un obra de ingeniería
¿Cruzo el río o el puente?

… y siguen …

Cuando estaba buscando un lugar en el que acampar golpeé una roca (una de varias en el día para ser sincero) y oí un “¡clonk!” seguido de un “wreeee…shhhh…wreeee…shhhh…”. ¿Qué ha sido eso?, el tubo de escape se había roto y separado del tambor/silenciador, y para complicar un poco más las cosas el tubo que sale del motor estaba colgando y golpeaba el suelo. ¿Qué haría MacGyver en una de estas?, tenía cinta americana, cuerda, un chicle y mi navaja suiza multiusos.

Por ingenioso que parezca tan sólo era una solución temporal, ya que pasados 15-20 minutos el calor del tubo de escape quemaba la cuerda y fundía la cinta americana. Así que conduje una hora más con múltiples paradas, y decidí acampar con la intención de madrugar al día siguiente para buscar un taller. Por cierto estaba literalmente en medio de la nada, a medio camino entre Khovd y Altai, y al menos a 100k de la aldea más cercana.

Me desperté con la idea de llegar a Altai sobre las 9:00, cuando imaginé que los talleres estarían abiertos, sin haber previsto que la carretera sería peor de lo esperado y que ello me forzaría a “reparar” el tubo de escape de una manera mucho más frecuente. ¡Me estaba quedando sin cuerda, cinta americana o paciencia!

Gracias a Dios me encontré con unos camioneros que, tras reírse un rato de mis apaños caseros, no sólo me arreglaron el tubo de escape sino que realinearon el motor (que estaba desplazado) y me invitaron a desayunar. Ellos me ofrecieron té, pan y sardinas en lata, y yo saqué un poco de mortadela rusa y unas aceitunas rellenas de anchoa que había comprado en Ucrania. ¿Quién me iba a decir a mi que iba a desayunar con unos completos desconocidos en mitad de la nada?; tal vez necesite estar en apuros más a menudo (como en Volgogrado u Olgii) para disfrutar de éste tipo de vivencias.

Magnífico amanecer
Ayuda en el camino
Asegurándose de que dure
Me salvaron el día
A éste no le ayudaron a tiempo
Un largo camino por delante…
… y no en las mejores condiciones

Continué el trayecto con la moral muy alta y confianza en el buen estado del Punto, hasta que “me comí” una zanja a primera hora de la tarde mientras iba a 15-20km/hora. Parte de daños:

  • Parachoques delantero ligeramente doblado en las esquinas (cerca de las ruedas), y por debajo
  • El motor ha quedado muy cerca del radiador aunque parece que sigue funcionando
  • Ambas ruedas delanteras han quedado atrapadas con el parachoques, que se ha semi-incrustado en ellas (oops!)

¿Qué haría MacGyver ahora?: desatornillé las dos ruedas delanteras, quité los guardabarros que no dejaban moverse a las ruedas, y utilicé mi navaja multiusos para recortar la parte del parachoques que no me permitía seguir. Tras hora y media de reparaciones el coche estaba listo.

(En la foto se puede apreciar el estado del parachoques )

Al anochecer me encontré ante un nuevo cruce de río junto a una caravana. El río parecía demasiado profundo para que cruzáramos cualquiera de los dos, y la corriente era bastante fuerte. Afortunadamente nos dimos cuenta de que habíamos parado al lado de dos yurtas, y que sus dueños estaban ayudando a varios coches a cruzar con la ayuda de un tractor a cambio de MON 20,000 (unos EUR 10). Conseguí regatear una rebaja del 50% argumentando que necesitaba el dinero para gasolina, lo que era cierto, y me preparé para una de las experiencias más divertidas vividas hasta entonces: aseguras el coche con el cable remolque del tractor, apagas el motor, quitas el freno de mano y pones en coche en punto muerto, cierras bien todas las ventanas, y te dejas llevar por un total extraño mientras el coche se sumerge hasta más de la mitad… ¡vaya chut de adrenalina!

La caravana iba en la misma dirección que yo y aceptó ir delante y que yo le siguiera. Era una noche cerrada, no veía un carajo, pero quería acercarme a

Bayankhongor (el pueblo más cercano) lo más posible para llegar a meta al día siguiente.

Después de algo más de una hora, cansado y con miedo de dañar el coche (la carretera estaba llena de baches y piedras), decidí parar a descansar. Estaba en mitad de la montaña, en una zona con cero contaminación lumínica, desde donde pude disfrutar del mejor cielo estrellado que he visto nunca, Vía Láctea y dos estrellas fugaces incluídas (y no, no os puedo decir el deseo ¡o no se cumplirá! 😉 ). Parecía el sitio perfecto para dormir mero se veían unos nubarrones amenazadores en el horizonte… tal vez mejor volver a dormir en el coche.

Amanecí a eso de las 5:30 para lo que esperaba sería mi último día de rally. Empaqueté todo lo que necesitaba llevar conmigo en dos mochilas (la enorme del Kilimanjaro que me dejó Álvaro y otra), y separé el resto para poder donarlo junto con el coche a mi llegada: una batería de repuesto, aceite, un contenedor de gasolina, dos ruedas de repuesto (al final no necesité ninguna), un kit anti-pinchazos… Aproveché también para rellenar el depósito de gasolina (para lo que tuve que improvisar un embudo con una botella de agua), echar líquido limpiaparabrisas, rellenar el depósito de agua que llevaba para mí dentro del coche… y me lancé a la carretera sobre las 6:00.

… ¡¡¡y una vez más!!!

¿¿¿Qué es ese ruido???, oh,oh, creo que ya me he vuelto a cargar el tubo de escape…

 

Estaba claro que conducir de noche no era muy buena idea, menos mal que mis amigos los camioneros hicieron un buen apaño y, además de sujetar el tubo de escape al tambor, también lo hicieron al chasis. Viendo la carretera con luz también reafirmó lo bueno de haber parado cuando lo hice; la noche anterior había caído una buena y el camino estaba lleno de barro y grandes charcos que fácilmente podían esconder rocas o dejarme estancando, ¡vaya infierno de carretera!.

Seguí conduciendo hacia Bayankhongor con la idea de buscar un taller en el que arreglar el tubo de escape, y al llegar, a eso de las 9:00, pregunté en la primera casa que vi:

Yo:                  Buenos días, ¿dónde puedo encontrar un taller?

Paisano:         ¿Taller?, no hombre no, ya te lo arreglo yo

Yo:                  Ooooooooooooooookkkkkkk

Un poco dubitativo, pero sin una alternativa mejor, decidí seguir al tipo hasta la casa de su cuñado y dejar que hiciesen con el coche lo que ellos considerasen oportuno. Los tipos metieron el coche en el jardín, sacaron una caja de herramientas y un soplete, y en 20 minutos arreglaron el tubo de escape, lo soldaron al chasis, ajustaron el motor…¡vaya cracks!. Lo único que les faltó es soldar el tubo de escape al tambor/silenciador, pero no me atreví a preguntar. Tres horas más tarde la maldita pieza volvía a soltarse… Decidí ir a un taller de verdad y arreglarlo de una vez por todas en lugar de arriesgar llegar a Ulaanbaatar del tirón.

La línea de meta

Salvo por unos pocos kilómetros de conducción “off-road”, y otros de grandes cráteres en la carretera, el tramo entre Bayankhongor y Ulaanbaatar es de lo mejorcito que me he encontrado en Mongolia (un firme llano, asfaltado, sin sorpresas…). A medida que me acercaba a la meta notaba como una sonrisa invadía mi cara, y aproveché para hacer un repaso mental del viaje, las experiencias vividas, los altibajos… No puedo decir que me ha cambiado la vida pero sin duda lo recordaré con cariño.

Llegué a Ulaanbaatar sobre las 19:20 y tardé unos 40 minutos en cruzar la ciudad y encontrar el camino al hotel Chinggis Khan, meta oficial del rally. Me había hecho a la idea de que Ulanbaatar sería un pueblecito pequeño y poco desarrollado como las aldeas de montaña que había cruzado, y me encontré con una gran ciudad llena de coches y conductores suicidas (¡casi me dan 2 veces!).

Tras dejar el coche en el hotel, donar parte del kit que llevaba y obtener un pequeño certificado diciendo que he completado el Mongol Rally, fui a mi hostal a darme la primera ducha en 5 días, ¡que ganas!. Después de la ducha, y para celebrar el sueño cumplido, quedé con unos buenos amigos a tomar unas cañas… ¡The Mongolian Job!. Su rally también estuvo plagado de anécdotas curiosas (como estar a punto de perder una rueda en mitad de la carretera), y me alegro mucho de haber podido conocerles y coincidido con ellos durante esta aventura, ¡Bien hecho chicos!

Carretera principal y secundarias
Hotel Chinggis Khan – La meta
6º puesto, ¡pero no es una carrera!
Y la bandera llegó hasta el final
Celebrando y compartiendo batallitas
Con Krzys, Kuba y Michal, grandes tipos

Y ahora que todo ha acabado toca reflexionar:

  • ¿Ha merecido la pena?
    ¡¡¡SÍ!!! Llevaba 8 años queriendo tomar parte en el Mongol Rally y he disfrutado como un enano de esta experiencia (de toda ella, lo bueno y lo malo). Creo firmemente que sólo poniéndonos a prueba somos capaces de saber nuestros límites y cómo reaccionaremos cuando las cosas se pongan feas
  • ¿Lo harías de nuevo?
    ¡¡¡SÍ!!! Tal vez una ruta distinta, más larga y con más tiempo (6-8 semanas) para disfrutar más, y con amigos. Pero hay que darse prisa, ¡si construyen carreteras ésto no va a ser lo mismo!
  • ¿Como es conducer en Mongolia?
    Te invito a verlo por ti mismo (y ésta era una de las fáciles…)
  • ¿Qué es lo que más has usado y qué te ha faltado?
    Parte esencial del kit son:
  • la navaja multiusos, un muy buen regalo de mis amigos Helena y Carlos
  • las toallitas de bebé, que me salvaron de más de un apuro y fueron un buen regalo de Borja e Isabel
  • el depósito de agua de 15 litros y la cantimplora de 750ml
  • un buen mapa de papel
  • la aplicación Good Maps que permite guardar mapas en el iPad y saber dónde estás sin necesidad de roaming

Cosas que hubiesen sido muy útiles:

  • una caja de herramientas (¡la navaja multiusos no es suficiente!)
  • una pala y algo para ganar tracción sobre arena o barro
  • alambre o una cuerda más gruesa que no se queme con el calor
  • una placa de metal para cubrir los bajos del coche (bueno, esto tal vez sobra)
  • unos focos potentes para poder conducir de noche sin miedo ha descuajeringar el coche
  • ¿Qué es lo siguiente?
    ¡Difícil!. ¿Tal vez el Mototaxi Junket?

http://www.theadventurists.com/the-adventures/mototaxi-junket

  • ¿Algo más?
    ¡¡¡SÍ!!! Quisiera agradeceros a todos (familia, amigos, compañeros de trabajo…) todo el apoyo, ánimo, ilusión y cariño que me habéis ofrecido durante los últimos meses; sin vosotros esto no hubiese sido posible. Me siento muy afortunado de teneros cerca, ¡¡¡MUCHAS GRACIAS!!!

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